Vuela alto Robin

Soy conciente que no le tomo fotos a cuerpos…le tomo fotos a seres humanos. Seres humanos pensantes, deseantes. Cada cuerpo fotografiado trae una persona humana llena de muchos miedos, de certezas y de anhelos. Así he conocido muchos chicos, que expresan sus angustias y sus propias batallas en sus poses, en sus huellas coporales, en sus comentarios, en toda la persona misma. El insumo del arte occidental es el cuerpo, y como significante primario me enfrento, para ejercer una labor que humaniza, que enaltece no solo la belleza, sino todo lo invisible.

Este proyecto me permitió conocer a Robin. Un joven de 24 años estudiante de arquitectura. Desde que conoció mi proyecto estuvo muy entusiasmado en ser fotografiado. Su emoción me motivó a viajar un fin de semana hasta Popayán, exclusivamente a conocerlo y a realizar una sesión. Con algunas indicaciones logré llegar a su casa, recoger a su perrito y salir en búsqueda de una locación que él había pensado. Me contó sobre sus accidentes en moto y de cómo había regresado al mundo conciente después de haber estado dos veces en estado de coma. Su cuerpo lleno de cicatrices y de tatuajes, hablaban de sus batallas y de sus terquedades. Me dijo que soñaba con ser modelo, y que las limitaciones están en la mente, no en el cuerpo. Me contó que conocía algunos modelos que tenían cicatrices y dificultades al caminar, como él. El quería modelar en las grandes pasarelas y dar un ejemplo de vida, parandose con orgullo, y mostrando las batallas que había podido ganar. El tenía sus propias mañas, para ablandar un poco la apariencia del cuerpo golpeado. Por ejemplo, con las gafas lograba disimular alguna cicatriz en los ojos y con los tatuajes creaba una suerte de sinfonía de formas que hablaban de su relación con la naturaleza, con la arquitectura, con el arte, con su familia y con él mismo. Se observaba como en varias partes de su cuerpo habían tenido transplantes de piel, y varias cirugías reconstructivas.

La sesión fué muy cooperativa. El propuso algunas cosas, yo otras. El espacio fué muy propicio para generar los contrastes que podíamos generar. Un riachuelo, un desierto que contrastaba con un bosque, un inmenso cañón… Al terminar en un espacio explorabamos otro. Fué de esta manera que encontramos una casa abandonada, a donde hicimos otras fotos.

Al terminar nos fuimos a su casa, a conocer algunos de los trabajos que había hecho para la universidad. No entendía como siendo estudiante de arquitectura y después de haber tenido dos accidentes en moto, seguía transportándose en ella para ir a la universidad sin importar que tuviera que llevar maquetas y materiales para la universidad. Me despedí de él dejando a un ser humano increíble, noble, alegre, optimista, provocador, libre, exhibiccionista, y supremamente honesto con su propia historia. Su forma de pensar, su manera de resolver las grandes pruebas que la vida le ponía en cada momento, eran sorprendentes. Luego con el pasar de los meses me contó que había tenido dificultades por una infección que le atacaba uno de sus pies, y otra serie de dificultades en su salud. Él los afrontaba con mucha tranquilidad. También estuvo muy pendiente de mi proceso de salud.

Al subir las fotos de la sesión a mis redes identifiqué una acogida increible de parte de los seguidores. Realmente la gente apreciaba su actitud y la proyección, su presencia, la gente leyó en él una persona especial.

El sábado 1 de enero de 2020 me escribió un seguidor de una de mis redes. Me contaba la mala noticia que Robin había sido asesinado. Luego leí en la prensa que había sido asesinado en su propio cuarto, en la casa de Popayán. Esta ciudad como muchas en Colombia, está atravesado por un contexto de violencia, un ciudad mediana llena de contradicciones, y de un conservadurismo que envenena las mentes y vuelve torpes los cuerpos. A veces pienso que fué un crimen de odio. No creo que fuera pasional como muchos afirman. No sé, en todo caso, fué un crimen que le parte a uno el alma.

Al postear un homenaje en todas mis redes sociales, recibí muchos mensajes, de gente que se impactaba por la noticia, y de gente que daba testimonio de la calidad humana de Robin. Tuve el honor de compartir con él una tarde, de fotografiarlo, de conocer algo de su vida y su pensamiento, de sentir alguna cercanía y solidaridad por esas cosas que la vida nos va poniendo en nuestros cuerpos. Fué un chico como tantos, que pese a lo difícil que fueron sus días, intentan no dejarse, para salir adelante, en un país como Colombia y en una época como esta. Gracias Robin por creer en esta propuesta estética-política, gracias por permitir soñar con otras sesiones de fotografía, que serán ya en otro plano. Gracias por dar un testimonio, desde tu cuerpo y desde tu pensamiento. Gracias por lo que le enseñaste a Popayán y a su doble moral. Descansa.

Publicado por pitchfotos

Comunicador y Maestro en Estudios Culturales. Gestor de la cultura vallecaucana y de los procesos contemporáneos decoloniales. Ambientalista, indigenista y activista LGBT. Fotógrafo y semiólogo de la imagen.

Un comentario en “Vuela alto Robin

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: